Los animales siempre han estado unidos a mi familia, ya que mis padres eran labradores. Criaban vacas, cabras, burros, cochinos, gallinas, etc.. Recuerdo que de pequeña vivíamos en casa con las gallinas y los cochinos, de ellos sacábamos algún dinero, vendiendo huevos y las crías de los cochinos cuando tenían ya dos meses. Cuando la cochina había tenido 2 ó 3 partos se mataba, se vendía la carne y de las tripas se hacía morcillas. De los perros recuerdo que teníamos uno que me lo dejaron en la ventana, nos dio pena y lo criamos. Ese perro fue para mi padre su mejor compañero ya que vigilaba sus pasos, cuando alguna cabra tenía una cría daba ladridos, y si nadie le hacía caso iba en busca del vecino y le hacía ir a la gañanía. También tenía otro perro que quisimos quitarlo porque en casa no podía estar y lo dimos metido en un saco; el nuevo dueño vivía cerca del Museo de Piedras y dicho perro volvió a casa y ya lo dejamos hasta que un coche lo mató.
Pasado a limpio por Vanesa Débora Colombi Zarandón
Yo me crié siempre con animales; teníamos un perro bardino que era para cuidar la casa. Tenía cochinas de cría que se vendían al mes y diez días; mi madre nos compraba las ropas del día de la fiesta y después lo pagaba con el parto del cochino. Teníamos cabras, gallinas, patos y palomas. Con la leche de las cabras se hacía el queso y nos lo comíamos en el desayuno. Los huevos se vendían para comprar las piezas de telas, para hacerles ropa a mi padre y a mi hermano. Cuando nos mudamos a la casa que hicieron mis padres, teníamos vacas, toros, cabras, cochinos, un perro y muchos gatos, todos lo que parían allí se quedaban. Me acuerdo cuando se ponía la cochina de mi abuela de parto, veníamos mi hermano y yo a quedarnos en la gañanía sobre el serón. Había que esperar a que saliera la luna y después ya salían todos los cochinillos, no se podía dejar sola a la cochina porque algunas cochinas se comían a sus hijos. Y mientras paría la cochina nosotros partíamos almendras para comer con higos pasados. Algunas veces me decía mi abuela que los cochinitos los pusiera uno en cada pezón, siempre de adelante hacia atrás porque las ultimas tenían poca leche.
A mí personalmente siempre me han gustado los animales. Cuando era joven, recuerdo que mi madre me regaló una gallina, a la cual le cogí un enorme cariño. El propósito de aquel regalo era la de obtener dinero con los huevos que pusiera la gallina y utilizarlo para comprar vajilla u otras cosas para la dote. Un día mi madre me preguntó, que cuántos huevos ponía la gallina, ya que no paraba de vender huevos. Y es que cuando quieres mucho a un animal éste lo agradece. En general me gustan todos los animales, excepto las arañas. Me gustaría tener un perro, pero en mi casa no podría tenerlo, es uno de los animales más agradecidos y nobles que hay, ya que con poco cariño que le des o le demuestres, nunca deja de ser fiel contigo. Y es que un día estando en el doctor, esperando mi turno junto con las demás personas, entró un perro pequeñito que se dirigió concretamente a mí, lo acaricié un poco hasta que lo pusieron en la calle, éste sin embargo se esperó a que pasara consulta para acompañarme hasta la parada de taxi, incluso el taxista, creyendo que el perro era mío, me dijo que el perro no lo podía llevar en el taxi ya que lo podrían multar. Y es que los animales van donde encuentran cariño.
3 comentarios:
Día 23 de Enero de 2006
Leonor Sánchez escribió:
Los animales siempre han estado unidos a mi familia, ya que mis padres eran labradores. Criaban vacas, cabras, burros, cochinos, gallinas, etc..
Recuerdo que de pequeña vivíamos en casa con las gallinas y los cochinos, de ellos sacábamos algún dinero, vendiendo huevos y las crías de los cochinos cuando tenían ya dos meses.
Cuando la cochina había tenido 2 ó 3 partos se mataba, se vendía la carne y de las tripas se hacía morcillas.
De los perros recuerdo que teníamos uno que me lo dejaron en la ventana, nos dio pena y lo criamos. Ese perro fue para mi padre su mejor compañero ya que vigilaba sus pasos, cuando alguna cabra tenía una cría daba ladridos, y si nadie le hacía caso iba en busca del vecino y le hacía ir a la gañanía.
También tenía otro perro que quisimos quitarlo porque en casa no podía estar y lo dimos metido en un saco; el nuevo dueño vivía cerca del Museo de Piedras y dicho perro volvió a casa y ya lo dejamos hasta que un coche lo mató.
Pasado a limpio por Vanesa Débora Colombi Zarandón
Francisca Sánchez Sánchez escribió:
Los animales en mi vida.
Yo me crié siempre con animales; teníamos un perro bardino que era para cuidar la casa. Tenía cochinas de cría que se vendían al mes y diez días; mi madre nos compraba las ropas del día de la fiesta y después lo pagaba con el parto del cochino.
Teníamos cabras, gallinas, patos y palomas. Con la leche de las cabras se hacía el queso y nos lo comíamos en el desayuno. Los huevos se vendían para comprar las piezas de telas, para hacerles ropa a mi padre y a mi hermano.
Cuando nos mudamos a la casa que hicieron mis padres, teníamos vacas, toros, cabras, cochinos, un perro y muchos gatos, todos lo que parían allí se quedaban.
Me acuerdo cuando se ponía la cochina de mi abuela de parto, veníamos mi hermano y yo a quedarnos en la gañanía sobre el serón. Había que esperar a que saliera la luna y después ya salían todos los cochinillos, no se podía dejar sola a la cochina porque algunas cochinas se comían a sus hijos.
Y mientras paría la cochina nosotros partíamos almendras para comer con higos pasados. Algunas veces me decía mi abuela que los cochinitos los pusiera uno en cada pezón, siempre de adelante hacia atrás porque las ultimas tenían poca leche.
Pasado a limpio por Angélica Martel suárez
23, enero, 2007
María Martel Ramírez, escribió:
(Los animales de mi vida)
A mí personalmente siempre me han gustado los animales.
Cuando era joven, recuerdo que mi madre me regaló una gallina, a la cual le cogí un enorme cariño. El propósito de aquel regalo era la de obtener dinero con los huevos que pusiera la gallina y utilizarlo para comprar vajilla u otras cosas para la dote.
Un día mi madre me preguntó, que cuántos huevos ponía la gallina, ya que no paraba de vender huevos. Y es que cuando quieres mucho a un animal éste lo agradece.
En general me gustan todos los animales, excepto las arañas.
Me gustaría tener un perro, pero en mi casa no podría tenerlo, es uno de los animales más agradecidos y nobles que hay, ya que con poco cariño que le des o le demuestres, nunca deja de ser fiel contigo.
Y es que un día estando en el doctor, esperando mi turno junto con las demás personas, entró un perro pequeñito que se dirigió concretamente a mí, lo acaricié un poco hasta que lo pusieron en la calle, éste sin embargo se esperó a que pasara consulta para acompañarme hasta la parada de taxi, incluso el taxista, creyendo que el perro era mío, me dijo que el perro no lo podía llevar en el taxi ya que lo podrían multar.
Y es que los animales van donde encuentran cariño.
Pasado a limpio por: Miguel Méndez Molina.
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